Imaginen que mañana me presento en casa de
David de Ugarte y le pego una paliza. Será de esperar que el pobre se quede algo molesto y vaya a la policía a denunciarme. Imaginen el día del juicio. Llegamos David y yo a la sala, me llaman a dar mi versión y digo que no, que David se lo inventó todo. Entonces me ponen diversas pruebas. Los análisis de ADN coinciden. La webcam de David estaba activada y me ha grabado. Ha habido un testigo presencial, un amigo que estaba con él en ese momento y que me reconoce claramente. Al salir de su casa, varios testigos me vieron abandonar el lugar con las manos y la boca (pongámonos en plan gore) ensangrentadas. Hay incluso quien hizo fotos. Vamos, que es como para encerrarme mas que por violento, por cutre. Y en esto que llego yo con un artículo de David de Ugarte y digo:
- Oh, no, miren, ustedes se precipitan, verán. Ustedes piensan que esto de la verdad es algo objetivo, pero sin embargo en realidad es cuestión de visiones. Según David y según todas esas pruebas yo soy culpable, pero según mi visión yo les digo que ese señor al que todos han visto es mi hermano gemelo desaparecido.
Naturalmente, alguien se encarga de hacer las comprobaciones pertinentes y sale lo que sale: que yo no tengo ningún hermano gemelo.
- Oh, pero ustedes no lo entienden. ¡La verdad es cuestión de espacios y de voces! ¡Mi voz no tiene por que contar menos que las suyas! ¡Que importan las pruebas! No pueden ser tan
monoteistas, no pueden coartar mi libertad de esta manera...
Me imagino que entonces David se levantará, indignado, y... se unirá a mi en mi lucha contra la “epistemologia monoteista”.
¡Que bonita es la Postmodernidad!
Mas en serio...Naturalmente, esto es una sátira, hecha con todo el buen humor del mundo, del
artículo sobre Modernidad y Postmodernidad publicado esta mañana por David de Ugarte. Creo que es el primer artículo realmente postmoderno que David ha publicado desde que empezó esta serie, y por tanto es la primera vez que estoy realmente en desacuerdo en algo que vaya mas allá de las cuestiones puramente terminológicas (de si se puede hablar o no de un “discurso moderno” unívoco, etc). Lo cual por otro lado me preocupa, porque me parece que David, ahora si, está enfilandose por veredas de mal destino. David viene, a mi juicio, a sostener las siguientes tesis:
1)El discurso moderno solo puede mantenerse sobre la lógica de la escasez porque implica una epistemologia “democrática”.
2)El criterio de “verdad” en una red distribuida como las que existen en la Internet no puede ser el mismo que el criterio “moderno”.
3)En el proyecto moderno, la Razón humana, que es un deje de las religiones monoteistas, es la que se supone que debe descubrir la verdad. El parlamento, las academias, la elección democrática… se presentarán como máquinas de agregación de subjetividades cuyo output tendería en proceso hacia esa verdad única y evidente.
4)Una epistemología así es una amenaza a la libertad, dado que impone la agregación de preferencias que debe llevar a un único comportamiento social aceptable.
5)La Postmodernidad vendría a ser esa aceptación de que la verdad es cuestión de la visión de cada uno, y de que no hay una opinión sobre el mundo mas verdadera que otra. Solo esa visión del mundo garantiza la libertad y la diversidad.
Voy a tratar de discutir estas ideas.
Enunciados fácticos, enunciados morales y enunciados de preferenciaEn su artículo, David de Ugarte dice cosas como que “el parlamento agregaría subjetividades de manera que estas tendiesen a la verdad”. Esto supone confundir los enunciados fácticos, los únicos que con rigor pueden ser verdaderos o falsos, con los enunciados morales y de preferencia.
Un enunciado fáctico es un enunciado sobre el mundo, sobre como es. Los enunciados fácticos son del tipo “la Tierra gira alrededor del Sol”, “ETA está detrás del 11-M”, “Iraq tiene armas de destrucción masiva” o “Julio César derrotó a Pompeyo en la segunda guerra civil romana”. Son enunciados que se contestan en términos de verdadero o falso. Por ejemplo, sabemos que el primer y el cuarto enunciado son verdaderos (o, para ser mas exactos, verosímiles). En cambio, sabemos que el segundo y el tercero son falsos o, en todo caso, no vienen respaldados por pruebas y en cambio si que tienen muchas pruebas empíricas en contra. Los enunciados fácticos no son,
per se, ni justos ni injustos. César ganó la segunda guerra civil romana independientemente de si nos parece bien o mal que así fuese. Aquí, la Razón opera un papel muy claro: discierne aquellas razones que otorgan verosimilitud a un enunciado fáctico (por ejemplo, que las observaciones de la NASA confirman que la Tierra gira alrededor del Sol), de aquellas que quitan verosimilitud (por ejemplo, que tras años de ocupación norteamericana en Iraq aun no se han encontrado las supuestas armas de destrucción masiva del regimen de Saddam Hussein), y de aquellas que simplemente no vienen a cuento y no aportan nada ni a favor ni en contra de la verosimilitud de un enunciado fáctico (por ejemplo, aducir que Julio César era un adúltero no arroja nada de luz, ni a favor ni en contra, sobre si el cuarto enunciado es o no verosímil).
Un enunciado de preferencia, en cambio, es un enunciado sobre como nos gustaría que fuese el mundo. “Me gustaría que el Sol girase alrededor de la Tierra”, “ojalá ETA esté detrás del 11-M”; “me encantaría que Iraq tuviese armas de destrucción masiva” o “me hubiese encantado que Pompeyo hubiese derrotado a Julio César durante la segunda guerra civil romana” son enunciados de preferencia. No expresan nada sobre el mundo, sino simplemente sobre como nos gusta que sea, que hubiese sido o que fuese en el futuro. Aquí, la Razón no opera ningún papel mas que el de discernir la corrección de los enunciados fácticos con los que relacionamos nuestros enunciados de preferencia para extraer conclusiones. Por ejemplo, si afirmamos:
Me gustan los sistemas operativos estables
Windows es el sistema operativo mas estable.
Luego, prefiero Windows a los otros SO's.
Entonces podemos discutir la corrección del tercer enunciado a través de discutir el segundo. Ahora bien, el enunciado de preferencia “puro” (“me gustan los sistemas operativos estables”) no puede ser discutido: si me gustan, me gustan. Y para gustos, ya se sabe, colores.
Finalmente, existen los enunciados morales. Tampoco nos dicen nada acerca de como es el mundo, pero no expresan exactamente una “preferencia”. Son enunciados tales como “los negros no deben tener los mismos derechos que los blancos”, “el software debe ser libre”, “los ciudadanos debemos tener garantizado nuestro derecho a la libre expresión”, etc. Se trata de enunciados que no se contestan en términos de verosímil o de inverosímil, pero tampoco en términos de razones privadas, de “me gusta o no me gusta”, sino en términos de bueno o malo. Cuando decimos que el software debe ser libre no solo estamos indicando que preferimos el software libre, sino que todo el mundo debería tener nuestra misma preferencia porque si, porque es bueno que así sea. Aquí, la Razón solamente puede ejercer un papel de mediadora entre nuestros enunciados morales explícitos y nuestras intuiciones morales debidamente reflexionadas. Por ejemplo, si afirmo que “el Estado debería preocuparse por maximizar la utilidad agregada de la sociedad”, entonces debería tener en cuenta que estoy abriendo la posibilidad a la justificación del Mundo Feliz de Huxley, un mundo donde esa utilidad agregada estaba maximizada a mas no poder. Dado que el Mundo Feliz de Huxley choca frontalmente con mis intuiciones morales (por ejemplo, la de que tener esclavos drogados obtenidos mediante manipulaciones genéticas es una barbaridad), entonces mi Razón me pone en la tesitura de tener que elegir: o renuncio a mi enunciado moral inicial (a saber, “el Estado debería preocuparse por maximizar la utilidad agregada de la sociedad”), o lo modifico de manera razonada y coherente para que no choque con mis intuiciones morales, o bien me “trago” estas y me quedo con mi enunciado moral inicial La Razón, que en el mundo de los enunciados fácticos busca el mayor ajuste posible de estos con la verdad, se convierte aquí en una buscadora de simple coherencia. De lo que se trata es de que, cuando se me pregunte por mis acciones, nadie pueda sacarme los colores ni hacer que me avergüence de mi mismo. Puede parecer que esto nos arroja al relativismo moral porque cada uno tiene intuiciones morales distintas, pero en realidad hay buenas razones para pensar lo contrario (entre ellas, que cuando seres humanos con concepciones morales diferentes discuten entre si sin que nadie pueda escapar de la discusión ni imponer su postura a los demás, entonces todos acaban acercando notablemente posturas). De todos modos, no es ese el objeto de este artículo.
Esta distinción entre los tres tipos de enunciados ha de servir para establecer lo siguiente:
1)La Modernidad solo establece un criterio de verdad para los enunciados fácticos: el de su correspondencia, mayor o menor, con los hechos.
2)La Modernidad ha defendido habitualmente (pero no siempre) la importancia de que calibremos nuestros juicios enunciados a la luz de nuestras propias intuiciones y equilibremos unos y otras con la ayuda de la Razón, a fin de dotarnos a nosotros mismos de pautas coherentes para vivir nuestra vida. Pautas que, lógicamente, pueden ir cambiando con el paso del tiempo gracias a la reflexión racional.
3)La Modernidad normalmente se despreocupa de las preferencias de los individuos excepto en los casos en que estas preferencias tienen consecuencias moralmente relevantes (por ejemplo, cuando mi actividad preferida es la de ir por ahí destripando a la gente con un cuchillo de carnicero).
4)La democracia, tal como la entiende David, se desarrolla simplemente como un sistema de toma de decisiones mediante agregación de preferencias. A la luz de la distinción que hemos establecido entre los diferentes tipos de enunciados y de las consecuencias de esta distinción, queda claro que cualquier crítica que se formule a la democracia no tendrá
nada que ver con las críticas que se puedan formular a las ideas modernas de que la verdad es el ajuste de un enunciado con los hechos y de que hay enunciados fácticos mas cercanos a la verdad qué otros.
Por decirlo de manera breve: cuando votamos a nuestro Presidente, no votamos al Presidente que es mas justo que gobierne, ni al Presidente mas “verdadero” (¿como cojones se podría hacer eso?), sino al Presidente que prefiere la mayoría. Y eso es todo. Luego, las ideas modernas sobre la verdad no tienen nada que ver con el funcionamiento de la democracia. Pero desarrollemos un poco mas las implicaciones de todo esto.
Recapitulando sobre la sátiraAlguien podría decir que mi sátira no vale para criticar el artículo de David, ya que el mundo de las palizas y los juzgados es un mundo de escasez, donde por fuerza debe imponerse un criterio único, y donde por tanto no hay lugar para la “epistemologia de la diversidad”. Pues bien, imaginen la misma sátira pero en el mundo de la blogosfera. Imaginen que me monto un blog clonado del de David de Ugarte para defender la propiedad intelectual y así darle algún quebdradero de cabeza. Con sus habilidades de hacker, David descubre que soy yo el que está detrás de todo esto, y lo dice en su blog, publicando sus pruebas. Y en esto llego yo y digo, pues eso: que eso de la verdad es cuestión de visiones y que “por favor, David, no nos intentes imponer tu visión de las cosas”.
Si suena absurdo es porque lo es. Discutir la opinión de alguien no implica imponerle nada. Y que nadie tenga que someter sus puntos de vista a votaciones o a decisiones externas no significa que toda visión sea igual de verdadera. Si David de Ugarte y yo estamos discutiendo es porque cada uno parte de la premisa de que el otro está equivocado en esto o en aquello. Los dos tenemos libertad para emitir nuestras opiniones, pero los dos discutimos porque partimos de la base de que si él dice una cosa y yo digo lo contrario no podemos tener razón los dos a la vez: o uno de los dos la tiene, o los dos estamos equivocados en algo (o en todo). Si yo pensase que mi “verdad” es tan válida como la suya, entonces no me molestaría en discutirle, y menos aun con argumentos sobre la “verdad” de mi exposición. Me limitaría a hablarle de otro tipo de atractivos, no-racionales, relacionados con mi visión de las cosas. No intentaría convencerle de que mi visión es mas “verdadera”, sino de que le interesa mas por algún motivo (por comodidad de pensamiento, por prestigio, por dinero...). Y lo mismo vale para él.
Hete aquí una de las inconsistencias mas notables del postmodernismo: su tendencia a la auto-refutación. Un postmoderno proclamará que todas las visiones son igual de válidas pero, cuando yo le diga que eso no es así, se verá en una difícil tesitura: o bien acepta mi visión como igual de válida que la suya, con lo cual paradójicamente su visión deja de ser válida; o bien no la acepta, con la cual se desmiente a si mismo.
Podría dejarlo aquí, pero creo que la raiz de todo esto no está en una aceptación de David de los términos de este relativismo radical, sino en una confusión fundamental entre la epistemologia (las epistemologías, cabría decir) moderna(s) y la democracia.
La confusión entre Razón y democraciaLa democracia, tal como parece entenderla David, consiste en que un grupo de personas en situación de escasez deciden mediante el voto qué hacer con esos recursos escasos de los que disponen. La democracia se puede aplicar a cualquier organización que necesite administrar recursos: una Universidad, un comité de redacción de una revista o un Estado. Así, la democracia actuaría como agregadora de preferencias, y tendría como output una decisión sobre como administrar los recursos de los que se dispone.
No voy a entrar en si esa es la mejor definición de “democracia” que se puede dar de este término. Vamos a suponer que es así: que la democrácia se puede entender como un sistema de toma de decisiones a través de la agregación de preferencias mediante voto. No voy a entrar, tampoco, en si está bien o mal que en redes distribuidas existan parcelas con un funcionamiento democrático, como es el caso de la Wikipedia o el Menéame en esa gran red distribuida que es Internet. Voy a concederle la razón a David en estos temas, no porque crea que la tiene (del todo), sino porque no es esto lo que interesa discutir aquí.
Tomadas esta definición de democracia y este criterio de validez (a saber, que la democracia carece de justificación en el seno de una red social distribuida), las epistemologias modernas pueden estar tranquilas. Y ello porque en ninguna de ellas la democracia juega papel alguno. Y cuando digo en ninguna de ellas quiero decir literalmente en
ninguna de ellas. Ni las epistemologías racionalistas dogmáticas estilo Descartes, ni los racionalismos críticos estilo Popper, han dicho nunca que la verdad la determinen los procedimientos democráticos. La verdad sería la verdad aun cuando solo la defendiese una persona dentro de un océano de mentirosos o simplemente de gente equivocada. Por poner un ejemplo ilustrativo, para un moderno sería incorrecto decir que la Tierra empezó a girar alrededor del Sol a partir del momento en que el heliocentrismo fue mayoritariamente aceptado por la sociedad o, si se quiere ser mas restrictivo, por la comunidad científica. Bueno, para un moderno y para cualquier persona con dos dedos de frente, pero en fin...
Con todas sus variantes, todas las epistemologías modernas parten de un modo u otro de la definición aristotélica de verdad: la verdad como correspondencia de un enunciado fáctico con los hechos que dice describir. No solo es el criterio de verdad moderno sino que es el criterio de verdad que utilizan los postmodernos cuando abandonan el aula. Si alguien les quema el coche y ellos ponen una denuncia al respecto, tengan por seguro que no aceptarán como válida una argumentación del tipo “¡eh, tronko, que eso es tu visión de las cosas, no la mia!”. No. Actuarán en base a la premisa de que existe un enunciado (“este cabrón melenudo me acaba de joder el coche”) que se corresponde con los hechos. Y es que, como dijo alguien, creo que fue Dawkins: “muéstrame a un relativista volando a diez mil pies de altura y yo te mostraré a un hipócrita”.
Las epistemologías racionalistas modernasAsí pues, las epistemologías modernas han puesto, en efecto, su hincapié en que la única manera de acercarnos a la verdad es a través de la Razón, no de las urnas. Y fijense que digo “acercase” a la verdad. Y es que en efecto hay epistemologías modernas ingenuamente dogmáticas, como la de Descartes, para las cuales el uso de Razón se basta y se sobra para hallar verdades evidentes por si mismas. Para las epistemologias modernas mas ricas (como la de Kant o la de Popper), no obstante, nunca llegaremos a conocer la verdad porque no hay manera de escapar del error y hacer que nuestras descripciones de la realidad cuadren perfectamente con esta. Lo que si que hay modo de hacer es: 1) averiguar qué descripciones de la realidad cuadran mas fielmente con la evidencia empírica disponible; y 2) detectar y corregir los errores de las descripciones de la realidad que tomemos por mejores y, eventualmente, substituirlas por otras que las superen. Las epistemologías modernas mas ricas (y mas aceptadas actualmente) hacen hincapié en que el uso de la Razón es el único modo de acercarnos a la verdad, pero también en que ese acercamiento será siempre incompleto. Nos ponen en guardia contra el relativismo de suponer que toda descripción de la realidad es buena y que la verdad es “cuestión de visiones”, pero también contra la ilusión de que nuestros enunciados mas verosímiles puedan ser tomados como definitivamente verdaderos: aun cuando así fuese, nosotros no podríamos saber que así es.
¿Es esto lo que asusta a David de Ugarte? Francamente, no lo entiendo. Una epistemología así no solo no coarta la libertad de nadie sino que toma la libertad de todos como premisa necesaria para desarrollarse: solo a través de la libre discusión podemos discernir la paja del grano y ejercitar el uso de la Razón. Ahora bien, una cosa es defender la libertad de expresión de todos y otra muy distinta defender la validez de lo que dicen todos. Entiéndase: hay que garantizar que los charlatanes puedan defender las tonterías que quieran, pero eso no implica defender esas tonterías ni pretender que “eso de la verdad es cuestión de visiones”. Antes al contrario: si la libertad de expresión implica algo es precisamente la libertad de crítica. Tomar una crítica como una imposición es confundir la velocidad con el tocino. Yo te impongo mi opinión sobre la realidad cuando tenemos la siguiente conversación:
- El Sol gira alrededor de la Tierra.
- No, es al revés.
- Tio, que es el Sol el que gira alrededor de la Tierra.
- O admites que es la Tierra la que gira alrededor del Sol o te pego un tiro/te doy una paliza/cuento lo de los cuernos que le pusiste a tu novia/te despido y te mueres de hambre.
No cuando tenemos la siguiente:
- El Sol gira alrededor de la Tierra.
- No, es al revés.
- Tio, que es el Sol el que gira alrededor de la Tierra.
- Tomemos un telescopio, hagamos algunas observaciones y verás por ti mismo que te equivocas.
Para la Modernidad, lo primero es una imposición, lo segundo es una discusión razonada. Lo segundo permite avanzar hacia el descubrimiento de la verdad; lo primero, no. En cambio, para un postmoderno estandar, lo mismo da que da lo mismo: las dos discusiones son igual de impositivas, son “luchas de poder” donde todo vale. David de Ugarte se tendría que decidir: ¿es la segunda discusión una amenaza para la libertad igual que la primera? Porque si es así, en rigor debería dejar de discutir conmigo, no vaya a ser que coarte mi libertad.
ConclusionesA la luz de todo lo visto hasta ahora, podemos afirmar respecto a las tesis en que he resumido el artículo de David que:
1)Aun si aceptamos que la democracia no es aceptable o recomendable en el seno de redes distribuidas, por no estar estas sometidas a la lógica de la escasez; aun en ese caso, digo, las epistemologias modernas siguen siendo válidas porque no son epistemologias “democráticas” sino racionalistas. Las aseveraciones (fácticas o morales) correctas no son aquellas que prefiere una mayoría, sino aquellas que cuentan con mas y mejores razones públicas a su favor. En esto consiste la confianza moderna en la Razón, una confianza que (precisamente por ser racionalista) no es ciega.
2)El criterio de verdad como correspondencia de un enunciado con los hechos, y la idea asociada a este criterio de que no todos los enunciados fácticos son igual de cercanos a la verdad, no solo puede funcionar en una red distribuida sino que de hecho
funciona. Y lo que es mas: puede funcionar aun mejor que en una red descentralizada. En una red descentralizada, la existencia de nodos con capacidad de filtrar la información que reciben los demás dificulta el debate racional, debido a que una voz que solo emita falacias puede ser mas escuchada que una que emita buenas razones. En una red distribuida, en cambio, nadie está en condiciones de filtrar con éxito la información emitida por otro nodo que cuestiona, con buenas razones, sus aseveraciones, de manera que en un debate nadie se puede imponer mediante el “gritar mas” ni mediante el uso de su poder (porque el poder está distribuido de manera mas o menos igualitaria, al no estar los individuos en situación de escasez). De este modo, la única manera de salir airoso de un debate es contar con buenas razones y pruebas sólidas. Es una red distribuida donde se ve con mas claridad que no todas las descripciones de la realidad son igual de buenas, y donde es mas fácil que las falacias, las mentiras o simplemente las equivocaciones se vean mas rápida y fácilmente desacreditadas.
3)En el proyecto moderno la Razón se presenta como la facultad humana que puede guiar por el buen camino las discusiones sobre lo verdadero y lo falso. No se trata de una guía infalible (porque el uso de la Razón no es infalible), pero es la única que sirve. No hay otra manera de determinar la verosimilitud de un enunciado fáctico que examinando qué razones hay a su favor y qué razones hay en su contra. Y esto, por lo demás, no tiene nada que ver con la democracia: la opción con mas apoyo social puede ser la opción respaldada por las peores falacias.
4)Una epistemología basada en la idea de que la verdad es la correspondencia de un enunciado con los hechos y de que por tanto hay unos enunciados mas cercanos a la verdad que otros, y que esta cercanía se puede detectar de manera imperfecta mediante el uso de la Razón; una epistemologia así, digo, no se basa en ninguno de sus puntos en la “agregación de preferencias”. Y, por lo mismo, no es no puede ser ninguna amenaza contra la libertad, entre otras cosas porque la discusión racional presupone un estado de total libertad de expresión entre los participantes. Una epistemologia como esta supone una amenaza, pero no contra la libertad, sino contra la charlatantería.
5)La Postmodernidad no solo no garantiza la libertad en mayor grado que la Modernidad sino que puede constituirse en una verdadera amenaza para aquella. Al fin y al cabo, si todo vale, si la verdad es solo “cuestión de visiones”, si el debate es una lucha de poder en la que todo vale, entonces es fácil llegar a la conclusión de que estoy legitimado para imponer mi visión de las cosas (y digo “imponer”), ya que al fin y al cabo el debate racional no es mas válido para dirimir las diferencias de opinión que, por ejemplo, el chantaje, la extorsión o la guerra.
La Ley de PérezPara acabar, una reflexión que no tiene que ver con la materia de este debate. Dice una famosa ley de Internet, la Ley de Godwin, que a medida que una discusión en Internet se alarga, la posibilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno. Yo voy a establecer ahora, si me permiten la sobrebia, la Ley de Pérez:
A medida que una discusión en Internet sobre cuestiones de conocimiento se alargue, la posibilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a la Inquisición, al monoteismo o a cualquier otra figura religiosa tiende a uno.
Y es que David de Ugarte debería entender que eso de decir que
en el relato moderno sólo hay una verdad que la razón (esa chispa del dios monoteista que vive en cada uno de nosotros) nos permite descubrir; que decir esto, digo, es caer en un tipo de discurso tramposo como pocos. No es la primera vez que le veo hacer ese tipo de símiles religiosos con las posturas que no comparte, y francamente me parece una técnica deshonesta. Cualquiera puede establecer este tipo de símiles facilones. Por ejemplo, yo puedo decir que la Postmodernidad es “la nueva religión del siglo XXI” o que todo eso del sionismo digital “no es mas que una chispa de ese Mahoma profético que hay en cada uno de nosotros”. Como digo, establecer este tipo de comparaciones es muy fácil, pero arroja por la borda la argumentación mas sólida porque se ve de lejos que es una manera de ganarse a un público determinado ante el cual mencionar las palabras “dios” y “monoteismo” es como mentar al diablo. Lo digo, créanme, sin acritud alguna hacia David, con quien estoy de acuerdo en muchas otras cosas y a quien en general considero un buen intelectual. Pero es que, también cuando discutimos sobre la Razón, lo único honesto intelectualmente es apelar a las buenas razones y no a las fobias atávicas de la audiencia. Contra el abuso de lo visceral, la dignidad de las razones públicas.